
Por primera vez jugué un torneo serio, con todos los respeto para los del
Penique. Digo serio porque se juega en casino, hay crupiers, se paga una entrada considerable y hay una organización perfecta. Sabéis que los torneos no me gustan. Me parecen ingratos, desesperantes, cansados y para ganarlos se necesita tanta o más suerte que destreza, y lo de este fin de semana en La Toja no fue una excepción, salvo en que
esa fortuna… ¡estuvo de mi parte!Hace dos viernes gané en un satélite del Penique la entrada para la
Etapa Especial de la Liga de la Toja, con 250 euros de entrada y 83 jugadores de partida. No tenía más esperanzas que divertirme y prueba de ello es que prometí una cena a varios colegas árbitros si vencía, convencido de que iba a quedar bien sin gastar un duro. Peor se pusieron aún las perspectivas al ver que a la tradicional tropa galaico-portuguesa se habían sumado nombres como
Pakito o
Pablo Baldor. Menos mal que montaban mesas de cash para los que pensábamos en caer rápido.
Llegué a la cena del sábado con tranquilidad, en la media, cuando ya habían caído quince jugadores, dispuesto a librar batalla después, cuando las ciegas empezaban a apretar. Sin embargo, dos movimientos infructuosos me dejaron con unas 5000 fichas cuando las blinds ya eran 200-400. No había apenas margen y no estaba dispuesto a agonizar en la mesa. Y en este dilema del todo o nada llegó mi primer momento de fortuna. Uno pega a 1.200, otro limpia y yo tengo
6-6 en el button. Pienso, con mis limitados conocimientos en esta modalidad, que si meto todo el segundo se tirará y el primero puede que también si subió con algo así como
A-10. Allá voy, el primero resube para proteger su
A-K sin saber que su subida también me defendía a mí al conseguir derribar dos damas del limper.
Gano el cara o cruz y me doblo. Primer momento de fortuna, acompañado a la siguiente mano de una nueva doblada al ver como mi vecino
Pablo Granero se jugaba, creo que un poco cansado, su
A-7 contra mi
Q-Q. Dos vueltas más y era
XanRa el que se golpeaba con su
A-Q contra mis dos ases, los únicos juntos que vi en el torneo, mano dudosa por su parte y por la que me pidió agradecimientos y que le pusiese en el blog que era un primo.
Dicho y hecho, primo.
Había pasado de estar muerto a tener 57.000 fichas, con las que acabé en segunda posición el primer día.Quedamos 19 jugadores para el domingo, en el que mi ilusión caía a medida que todos mis intentos de robo encontraban contestación. Pese a todo, las rentas del primer día me permitieron la última oportunidad a la desesperada en la burbuja.
Con ciegas 2000-4000 y con sólo 14.000 miserables fichas y todos los boletos para llevar a mi espalda el fatídico 11 (es decir, el primero de los perdedores), me veo obligado a meter all-in desde la ciegas pequeña contra la grande con
10-4, pensando que quizá aún puedo tirarlo. Pero ni hablar. Paga con
J-6, pero entra el 10, me doblo e instantes después se pincha la burbuja y entro en la mesa final. Segundo gran momento de fortuna.
Arranco la mesa final con 28.000 fichas, en noveno lugar, cuando la media eran 66.000. Aviso a los colegas de que estén atentos a
pokerpoquer, que en menos de media hora Arturo va a contar mi eliminación. Cae primero
Mario Fernández y empiezo a jugar a la pedrada, con all-ins casi seguidos, increíblemente respetados, que me permiten poco a poco doblarme. A partir de ahí, empieza a entrarme juego. Me cargo al portugués
Carlos Oliveira con
Q-Q frente a
7-7, a otro con
J-3 contra
A-8 (otro momento de suerte al intentar robar la ciega grande) y a
José Quintas con
A-K frente a
7-8s. Me planto líder cuando quedamos sólo 4 jugadores, algo impensable. Cae pronto el portugués
Zumy y nos quedamos el lucense
Jaime González y el portugués
Acacio.
En ese momento, estoy hasta las narices del póquer. Parece increíble, primer torneo en vivo, haciendo podio, pero no estaba a gusto. Quería irme, estaba cansado, no le veía mucho sentido a pegarnos entre los tres.
Hasta Juan Carlos Barros medio se mosquea con razón y me pregunta:
“¿Si te aburre, a qué has venido?”. No sé, tanto póquer seguido me cansa, propongo pacto, el de Lugo dice que no y el portugués no entiende español. Jugamos, pues. Soy el más agresivo de los tres, robo más que nadie, o eso creo. A Jaime casi lo dejan k.o con su
A-K frente al
4-6 de Acacio que pilla el 5 en el turn tras un flop
A-2-3. Revive con un milagroso 6 también frente al portugués con
K-6 frente a
K-Q, que muere en un cara o cruz instantes después. En ese momento, un poco harto de todos el jolgorio que montaron nuestros vecinos lusos cada vez que ganaba un compatriota su mano y con una mezcla de humor y resaca eurocopera, empiezo a entonar aquello de
“yo soy español, español, español...”. Y con este alarde de unión,
Jaime y yo hacemos las paces económicas, y dejamos una pequeña cantidad para jugarnos el primer premio, junto a los puntos de Unibet para irse a Milán y el honor del campeón. A las pocas manos, mi
5-5 mata su
K-J, ya con demasiada relajación por ambas partes.
¡¡Increíble!! ¡¡He ganado!!
A ver si no se me queda nadie en el listado de agradecimientos y dedicatorias.
A Juan, Dani, Arturo y a
poquerpoker, por montar esta maravilla de torneo. A
Fito, por decirme que los locos van al infiernos, pero los Tights a ningún sitio. A
Jose y a XanRa, por esperarme sin dejarme en tierra. A todo el
Penique, la gran cantera coruñesa. A las crupiers, por su buen trabajo y por esa maravilla de cartas que me repartieron.
A los chicos de AsturPoker y del club de Barcelona, por la putada que les han hecho. Y como no, a todos esos políticos, burócratas, periodistas, estómagos agradecidos de monopolios y enemigos de la libertad, decirles que en agosto pasen por La Toja y vean que no somos delincuentes y que sólo pedimos que nos dejen practicar nuestro hobby en cualquier otro sitio, además de los casinos.
Y por cierto, hablando de estómagos agradecidos, pagué la cena nada más llegar a Betanzos. Mañana empiezo la pretemporada arbitral… ¡Socorro!